CUADERNO AMARILLO

 

18.4.1 Dios me proporciona así todos los medios para permanecer muy pequeña; y eso es lo que hace falta. Yo estoy siempre contenta. Me las arreglo, aun en medio de la tempestad para mantenerme en una gran paz interior.

 

27.5.5 Que no piensen que, si me curo, eso me va a desconcertar o a desbaratar mis planes. ¡En absoluto! La edad no es nada a los ojos de Dios, y yo me las arreglaré para seguir siendo una niña aunque viva mucho tiempo.

 

4.6.1 No os extrañéis si no me aparezco a vosotras después de la muerte y si no veis ninguna cosa extraordinaria como señal de mi felicidad. Acordaos de que en mi “caminito” no hay que desear nada. Sabéis bien lo que tantas veces he dicho a Dios, a los ángeles y a los santos: “que no es mi deseo, aquí en la tierra verte.”

 

5.6.4 Si una mañana me encontráis muerta, no sufráis: será simplemente que papá Dios habrá venido a buscarme. Sin duda es una gracia muy grande recibir los sacramentos; pero cuando Dios no lo permite, también está bien, todo es gracia.

 

7.6.1 Al bajar las escaleras, vio a la derecha, bajo el níspero, la gallinita blanca que tenía a todos sus polluelos recogidos bajo sus alas. Algunos sólo enseñaban su cabecita. Se paró a contemplarlos, muy pensativa. Al cabo de un poco, yo le hice señas de que era la hora de volver. Tenía los ojos llenos de lágrima. Le dije: “¡Estas llorando!” Entonces se cubrió los ojos con la mano, llorando más todavía, y me respondió:

En este momento no puedo decirte por qué, estoy demasiado emocionada.

Por la noche, en su celda, me dijo con una expresión celestial:

He llorado al pensar que Dios escogió esa comparación para hacernos creer en su ternura. ¡Eso es lo que ha hecho conmigo durante toda mi vida! ¡Me ha escondido totalmente bajo sus alas...! Luego, al separarnos, lloraba mientras subía la escalera, sin poder ya contenerme, y tenía prisa por volver a la celda. Mi corazón rebosaba de amor y gratitud.

 

13.6 Me da la impresión de ser una tela atirantada en el bastidor para que la borden, y que nadie viene a bordarla. ¡Espero y espero! Pero en vano... En fin..., no es nada extraño: ¡los niños no saben lo que quieren!

Digo esto porque pienso en el Niño Jesús: él es quien me ha atirantado en el bastidor del sufrimiento para darse el gusto de bordarme y luego el de aflojarme para ir a mostrar allá arriba su precioso trabajo.

 

15.6.1 El día 9, veía muy claramente a lo lejos el faro que me anunciaba el puerto del cielo, pero ahora ya no veo nada, tengo los ojos como vendados. Ese día veía al Ladrón; ahora ya no le veo en absoluto. Lo que me dicen sobre la muerte ya no penetra en mi interior; es como si resbalase sobre una losa. ¡Se acabó! La esperanza de la muerte se ha gastado. Sin duda es que Dios no quiere que piense en ella como antes de caer enferma. Entonces, ese pensamiento me era necesario y muy provechoso, y así lo sentía. Pero hoy ocurre lo contrario. Dios quiere que me abandone como un niño que no se preocupa de lo que harán con él.

 

29.6.1 Mira lo que ha pasado: como yo estaba a punto de morir, los angelitos hicieron toda clase de hermosos preparativos para recibirme; pero se cansaron y se quedaron dormidos. ¡Ay, los niñitos duermen mucho!, no se sabe cuándo despertarán...

 

5.7.1 También yo tengo debilidades, pero me alegro de ello. Tampoco yo estoy siempre por encima de las naderías de la tierra. Por ejemplo, si me da rabia por una tontería que he dicho o que he hecho, me recojo en mi interior y me digo a mi misma: ¡Vaya, sigo todavía en el mismo punto que antes! Pero me lo digo con gran suavidad y sin tristeza. ¡Es tan bueno sentirse un débil y pequeño!

 

5.7.3 Después de mirar una estampa que representaba a Nuestro Señor con dos niños, el más pequeño de los cuales está sobre sus rodillas y el otro a sus pies, besándole la mano:

Yo soy ese pequeñito que se ha subido al regazo de Jesús, que estira tan graciosamente su piernecita, que levanta la cabecita y le acaricia sin temor. El otro pequeño no me gusta tanto. Se comporta como una persona mayor; le han dicho algo..., sabe que hay que tratar con respeto a Jesús.

 

7.7.3 Desde niña, me encantaban estas palabras de Job: “Aunque Dios me matara, seguiría esperando en él.” Pero he tardado mucho tiempo en llegar a este grado de abandono. Ahora ya estoy en él; Dios me ha introducido en él, me ha tomado en brazos y me ha instalado en él...

 

7.7.8 Acabo de ver sobre el muro un gorrioncillo que esperaba pacientemente, lanzando de vez en cuando un gritito de llamada, a que sus padres vinieran a buscarlo para darle de comer. Y he pensado que yo me parecía a él.

 

10.7.1 Los niños no se condenan.

 

13.7.2 Dios tendrá que satisfacer todos mis caprichos en el cielo, porque yo no he hecho nunca mi voluntad aquí en la tierra.

 

13.7.12 Con las vírgenes, seremos vírgenes; con los doctores, doctores; y con los mártires, mártires, pues todos los santos son parientes nuestros. Pero los que hayan seguido el camino de la infancia espiritual conservarán siempre los encantos de la infancia.

 

13.7.15 Dios siempre me ha hecho desear lo que quería darme.

 

15.7.1 Tal vez mueras mañana (fiesta de la Virgen del Carmen) después de la comunión.

No, eso no encajaría en mi caminito. ¿Voy a salirme de él para morir? Morir de amor después de la comunión es algo demasiado hermoso para mí, las almas pequeñas no podrían imitar eso.

 

16.7.6 Si dios me dijera: Si mueres ahora, tendrás una gloria muy grande; si mueres a los 80 años, la gloria será mucho menor, pero eso me agradaría mucho más, no dudaría en responder: “Dios mío, quiero morir a los 80 años, pues no busco mi gloria, sino tan sólo agradarte a ti.”

Los grandes santos trabajaron por la gloria de Dios, pero yo, que no soy más que un alma muy pequeña, sólo trabajo por complacerle, y me sentiría feliz de soportar los mayores sufrimientos, aunque sólo fuese para hacerle sonreír una sola vez.

 

21.7.2 Si Dios me riñe, aunque sólo sea un poquito, no lloraré lastimeramente...; pero si no me riñe en absoluto, si me acoge con una sonrisa, entonces sí que lloraré.

 

25.7.11 En mi enfermedad soy como un auténtico niño: no pienso en nada, estoy contenta de ir al cielo, y eso es todo.

 

3.8.2 Le decía yo que mucho tenía que haber luchado ella para llegar a ser perfecta.

No, la cosa no va por ahí...

Y un poco más tarde:

La santidad no consiste en tal o cual práctica. Consiste en una disposición del corazón que nos vuelve humildes y pequeños en los brazos de Dios, conscientes de nuestra debilidad y confiados hasta la audacia en su bondad de Padre.

 

6.8.8 Por la noche, durante Maitines, le pregunté qué entendía ella por “ser siempre niña delante de Dios”. Me respondió:

Es reconocer la propia nada y esperarlo todo de Dios, como un niño lo espera todo de su padre; es no preocuparse por nada, ni siquiera por ganar dinero. Hasta en las casas de los pobre se da al niño todo lo que necesita; pero en cuanto se hace mayor, su padre se niega ya a alimentarlo y le dice: Ahora trabaja, ya puedes arreglártelas por tu cuenta.

Precisamente por no oír eso, yo no he querido hacerme mayor, sintiéndome incapaz de ganarme la vida, la vida eterna del cielo. Así que seguí siendo pequeñita, sin otra ocupación que la de recoger flores, las flores del amor y del sacrificio y ofrecérselas a Dios para su recreo.

Ser pequeño es también no atribuirse a uno mismo las virtudes que se practican, creyéndose capaz de algo, sino reconocer que Dios pone ese tesoro en la mano de su hijito para que se sirva de él cuando lo necesite; pero es siempre el tesoro de Dios. Por último, es no desanimarse por las propias faltas, pues los niños se caen a menudo, pero son demasiado pequeños para hacerse mucho daño.

 

7.8.4 Si, por ejemplo, me dijese a mí misma: He adquirido tal virtud y estoy segura de poder practicarla. Pues eso sería apoyarse en las propias fuerzas, y cuando se hace eso, se corre el peligro de caer al abismo. Pero si soy humilde, si soy siempre pequeña, tendré el derecho de hacer pequeñas travesuras hasta el día de mi muerte sin ofender a Dios. Mira los niños: están siempre rompiendo cosas, rasgándolas, cayéndose, a pesar de querer mucho mucho a sus padres. Cuando yo caigo de esa manera, compruebo todavía más mi propia nada y me digo a mí misma: ¿Qué no haría yo, a qué extremos no llegaría, si me apoyase en mis propias fuerzas...?

 

8.8.1 Le decía que más tarde yo pregonaría sus virtudes.

Sólo a Dios hay que pregonar, pues en mi pequeña nada no hay nada que pregonar.

 

8.8.4 Siempre me dieron mucha lástima las personas que servían en los grandes banquetes. Si, por desgracia, les sucedía que dejaban caer algunas gotas sobre el mantel o sobre alguno de los comensales, veía al ama de casa mirarles severamente, mientras los pobrecillos enrojecían de vergüenza; y yo me revelaba interiormente y me decía: Estas diferencias que existen en la tierra entre amos y criados ¡qué bien prueban que hay un cielo en el que cada cual será colocado según su valía interior y en el que todos estaremos sentados al banquete del Padre de familia! Y entonces ¡qué Servidor tendremos, pues Jesús dijo que él mismo “se pondrá a servirnos!” Ese será el momento en que sobre todo los pobres y los pequeños se verán ampliamente recompensados de sus humillaciones.

 

9.8.4 Le decían que era un santa:

No, no soy una santa; yo nunca he realizado las acciones de los santos. Soy un alma muy pequeña a la que Dios ha colmado de gracias, eso es lo que soy. Lo que digo es la verdad, ya lo veréis en el cielo.

 

10.8.2 Le decían que las almas que habían llegado, como ella, al amor perfecto podían ver su propia hermosura, y que ella pertenecía a ese número.

¿Qué hermosura...? Yo no veo, en absoluto, mi hermosura; lo único que veo son las gracias que he recibido de Dios. Estáis muy equivocadas, no sabéis que yo no soy más que un huesecito..., que una pepita insignificante...

 

11.8.3 No esperaba sufrir así; sufro como un niño.

...No quisiera pedir nunca a Dios mayores sufrimientos. Si él hace que sean mayores, los soportaré gustosa y alegre, pues vendrán de su mano. Pero soy demasiado pequeña para tener fuerzas por mí misma. Si pidiese sufrimientos, serían sufrimientos míos, y tendría que soportarlos sola, y yo nunca he podido hacer nada sola.

 

13.8 Le dije un pensamiento sobre el cielo, que había tenido durante Completas.

...Yo ya sólo tengo luces para ver mi pequeña nada. Y eso me hace mayor bien que las luces sobre la fe.

 

18.8.5 Ya que dicen que todas las almas sufren las tentaciones del demonio en el momento de la muerte, también yo tendré que pasar por ello. Pero no, yo soy demasiado pequeña y con los pequeñitos no puede...

 

26.8.3 Yo le decía que estaba hecha para sufrir mucho, que su alma tenía temple para eso:

Para el sufrimiento del alma, sí, puedo mucho...; pero para los sufrimientos del cuerpo soy como un niño pequeño, muy pequeño. No me doy cuenta, sufro minuto a minuto.

 

25.9.1 Los pequeños serán juzgados con gran benignidad. Y se puede muy bien ser pequeño hasta en los cargos más temibles, aun viviendo muchos años. Si yo muriese a los 80 años, si hubiese estado en China, o en cualquier otra parte, estoy segura de que moriría tan pequeña como hoy. Y está escrito que al final “el Señor se pondrá en pie para salvar a los humildes de la tierra”. No dice juzgar, sino salvar.

 

 

OTRAS CONVERSACIONES

 

Julio Le pedía yo explicaciones sobre el camino que decía que quería enseñar a las almas después de su muerte.

Madre, es el camino de la infancia espiritual, el camino de la confianza y del total abandono. Quiero enseñarles esos medios tan sencillos que a mí me han dado tan buen resultado, decirles que aquí en la tierra sólo hay que hacer una cosa: arrojarle a Jesús las flores de los pequeños sacrificios, ganarle a base de caricias. Así le he ganado yo, y por eso seré tan bien recibida.