Quizá la mejor manera de acercarse a los misterios del Rosario es contemplarlos. Son misterios y por lo tanto difíciles de descubrir, de adentrarse tras su hondura. Una mirada atenta, amorosa, contemplativa, podrá descubrir aquí y allá, secretos escondidos, chispas nuevas, trazos de amor de Dios. Pienso que la mejor manera de contemplarlos es hacerse pequeño. Ese era el consejo de San Josemaría. Mira si eres capaz de emprender este camino, y atisbar con los ojos limpios de un niño a través de esas ventanas de la vida del Señor y de su Madre.