MISTERIOS GLORIOSOS

 

1. Resurrección del Señor

María Magdalena llega diciendo que el cuerpo de Jesús ha desaparecido. Pedro y Juan salen corriendo. Tú los persigues. Alcanzas a Pedro y lo pasas. Llegas al sepulcro al mismo tiempo que Juan. Los dos esperáis a Pedro, que llega jadeando.

Pedro entra y se asombra. ¿Quien se ha llevado el cuerpo de Jesús? Juan al ver los lienzos comenta que Jesús ha resucitado. No sabes que ha visto en los lienzos; debe ser en la manera en que están doblados. Tú sabes como los hubieras dejado, pero necesitas más para creer.

Pedro y Juan vuelven a Jerusalén. María se queda desconsolada, llorando como una Magdalena. Se han llevado lo último que le quedaba de su Jesús. Te quedas con ella para consolarla. Llora tanto que no te escucha. No presta atención ni a dos ángeles que se le aparecen, tal es su amor por Jesús.

Viene el jardinero y le pregunta porque llora. Le explicas lo que le pasa. El jardinero se dirige a ella y le llama por su nombre: ¡María! ¿Como sabe su nombre? Ella levanta la cabeza inmediatamente y exclama con alegría: ¡Maestro! Una sola palabra torna su lloro en alegría. Ahora se ríe, con sonrisa de boca ancha, con las lagrimas todavía resbalando por sus ojos.

¿Quien es él? Le miras extrañado; su porte te resulta familiar. Pronuncia tu nombre. Te llama como solía hacerlo años atrás en Nazaret, cuando jugabais juntos. Te lanzas a abrazarlo. Jesús te dice que todavía tiene que subir a ver a su Padre, a mi Padre y al tuyo, al Padre de los dos.

 

2. La Ascensión del Señor

Estos días Jesús aparece y desaparece. Va con frecuencia a visitar a su Madre. Allí tienes la oportunidad de verlo mas a menudo. Sigues con tu antigua costumbre de sentarte en un rincón y contemplar esos encuentros entre Madre e Hijo.

Últimamente Jesús se queda más tiempo con su Madre. Presientes que pronto se va despedir de ella. Notas que le cuesta más marcharse. Su Madre busca cualquier excusa para retenerlo.

Por fin un día Jesús se despide de su Madre. Es un encuentro difícil de olvidar. Dice que en el cielo tendrán toda la eternidad para estar juntos. Quiere decir adiós a los apóstoles en Galilea, en la tierra que lo vio crecer.

María se pone en camino y tú la acompañas. Llegáis a la cima de un monte donde están los apóstoles esperando a Jesús. Hay un aire de expectación. Jesús aparece y habla palabras que suenan a despedida.

Sabes que se va. Quieres irte con él. No sabes como se va a ir. Comienza a elevarse. Te has despistado. Ya está demasiado alto para agarrarte a él. Te sonríe desde la altura. Vuelves al lado de tu Madre. Si no la hubieras dejado sola, te hubiera ayudado a subir con Jesús.

 

3. Pentecostés

Los apóstoles esperan en Jerusalén  la venida del Espíritu Santo. María con su presencia los mantiene unidos. Tú estas con ellos.

Un ruido se acerca hacia la casa. Un viento impetuoso mueve las paredes. Con miedo agarras con fuerza la mano de tu Madre. Cae fuego del cielo y se distribuye en lenguas para posarse en cada una de las cabezas de los presentes. Tú participas del fuego de tu Madre, tan intenso es. Sin quemar la piel penetra en tu interior y consume tus miserias.

Ante el ruido la gente se acerca a ver lo que ha ocurrido. Una muchedumbre se reúne afuera con curiosidad.

Salís en estampida para explicar lo que os ha sucedido. Algo raro te ocurre. Ahora te entienden todos cuando hablas. Gentes de todas las razas, colores, lenguas y culturas. Parecéis borrachos, tan llenos estáis del Espíritu Santo.

Ese día muchos se convierten a Cristo. También quieren parecer borrachos y hablar lenguas extrañas. Gracias a tu don de lenguas puedes ayudar a los apóstoles en su tarea de instruirles en la fe.

 

4. Asunción de la Virgen

María se despide de los apóstoles. Va a reunirse con su Hijo para no separarse jamas de él. Quiere quedarse, pero sabe que tiene que irse. Ya no puede vivir más tiempo sin su Hijo.

Cuando viene a despedirse de ti no puedes aguantar tu pena y rompes a llorar desconsoladamente. ¿Qué va ser de ti sin tu madre? ¿Cómo vas a vivir sin ella después de todos esos años juntos? Le pides con toda la fuerza de tu corazón que te lleve con ella.

María no encuentra palabras para consolarte. Aunque te dice que pronto volverá a buscarte no te calmas. Te agarras fuertemente a sus ropas mientras ella te acaricia. Lloras tanto que no sientes que os comenzáis a elevar.

Ella te sostiene en sus brazos. Pesas bastante. Miras abajo y ves a los apóstoles diciendo adiós con la mano. Cierras los ojos porque te da miedo la altura. Has parado de llorar y te envuelve una paz indescriptible.

Al cabo de un rato abres los ojos. Estáis rodeados de nubes de algodón blanco. Ya no sientes miedo. Miras a tu Madre que sonríe con ternura. Casi no la reconoces. Su belleza aumenta con la altura. Mientras ella se hace cada vez más hermosa tu te haces cada vez más pequeño. Ya no pesas nada.

 

5. Coronación de la Virgen

¿Que pensará Jesús cuando os vea llegar juntos al cielo? Una mirada de tu Madre calma toda sospecha. Jesús comprende en seguida lo que ha pasado. Se alegra de volver a verte. María le dice que te trae como regalo sorpresa.

Al entrar en el cielo te quedas con la boca abierta. No puedes hablar. Tus ojos no son capaces de absorber lo que ves. Tu imaginación infantil ya no sirve. Comprendes bien a San Pablo cuando dice que no hay palabras humanas que puedan expresar lo que tu Padre ha preparado para los hijos que le aman.

Mientras se hacen los preparativos para la coronación, unos angelillos te muestran el cielo. Puedes saludar a un buen número de viejos conocidos. No echas en falta a ninguno de los que amas.

Jesús te enseña el lugar que ha preparado para ti. Como te conoce bien sabe lo que te gusta. Te pregunta qué más quieres. Confundido no sabes que decir. No encuentras a faltar nada. Ha pensado en todo.

Al coronar a tu Madre también te coronan a ti, su hijo. A ella la coronan como reina, a ti como heredero. Sin ella no tienes ni corona ni reino que heredar. La corona no te sienta bien, es incómoda, te hace daño. La miras despacio; mas que de oro te parece hecha de espinas. Sin querer te pinchas un dedo. El dolor te despierta.